domingo, 24 de noviembre de 2013

El departamento comercial de Telefónica está que arde

El Sindicato Federal de Telefónica de la CGT envió hace unos días el siguiente mensaje a la plantilla de la empresa, con el triple objetivo de denunciar la situación de estas compañeras y compañeros, valorar en su justa medida las absolutamente ineficaces comisiones de negociación emanadas de un sistema creado para mal lavar imágenes y, por último, transmitir que estamos por y para combatir los excesos de la empresa más allá de la fallida comedieta representada en las mesas abiertas donde solo está la empresa y sus socios sindicales

La semana pasada nos sobresaltó la lectura de un comunicado de una organización sindical en el que “constatan con preocupación” como se cuestiona la competencia y eficacia de “la mejor red de ventas de toda Europa”, según declaran directivos de Telefónica. Interpretan así el exceso fiscalizador en la burocratización a la que es sometida mediante la exigencia continua de justificar cada actuación, cada visita, cada oferta, de los informes añadidos a la habitual cumplimentación en las aplicaciones de seguimiento y control existentes, incrementando inútilmente la carga de trabajo de la ya pesada tarea comercial, disminuyendo la autonomía en la gestión individual y convirtiendo a los mandos intermedios en simples controladores de personal en lugar de facilitar su tradicional tarea de soporte, seguimiento de incidencias y solución de conflictos.


Continúan explicando que este contexto de excesiva carga mental deriva en la proliferación de malas formas, gritos y amenazas, dificultando la convivencia en un ambiente previamente enrarecido por el enorme esfuerzo y desgaste del personal para aproximarse a los objetivos marcados por la empresa, que utiliza las dificultades como excusa para elevar la presión sobre la plantilla hasta límites absurdos, sustentando las relaciones laborales en el miedo y la coacción. Finalmente culpan de la situación a la “grave incapacidad de gestión” de la Dirección -que plantea constantemente fórmulas de flexibilidad laboral pero aplica recetas rígidas y burocráticas que deterioran el clima laboral y la calidad de atención al Cliente- a la que lanzan un enigmático “no permaneceremos inertes” e indican que la actual deriva “tiene contestación en nuestra Normativa Laboral y la vigente legislación”. En CGT coincidimos con el análisis descrito: la empresa enmascara su ineficaz gestión incrementando la presión sobre la plantilla para que cumpla unos objetivos cada vez más utópicos en el laberinto económico actual. Es como si nos hiciera responsables de la disminución de ingresos, en lugar de a la crisis-estafa que reduce nuestros derechos laborales y ciudadanos y empobrece a nuestra potencial clientela. Efectivamente, la adición de tareas redundantes, la reducción hasta la eliminación de la necesaria autonomía individual en el manejo de ciertos aspectos del trabajo propio, las amenazas, malas formas y coacciones no son ningún instrumento válido para fomentar el negocio pues, contrariamente, envilecen tanto las relaciones laborales como las comerciales.

 Dicho esto ¿por qué hablamos de sobresalto si estamos en línea con ese diagnóstico? En primer lugar, porque chirría desagradablemente leer “… preocupación… exigencia continua… excesiva carga mental… gritos y amenazas… miedo y coacción… mal clima laboral… grave incapacidad de gestión…” en el comunicado de un sindicato presente en la Comisión de Comercial (la llamada ‘mesa’ de comercial) y el resto de ‘mesitas’ territoriales o provinciales. ¿Acaso no es el lugar en que pactan con la empresa lo que después llega a la Comisión de Negociación Permanente como acuerdos cerrados sin posibilidad real –el juego de las mayorías- de ser debatido y, en su caso, modificado por la aportación de otras organizaciones? ¿No suelen hacer bandera de esos pactos que siempre divulgan como mejora? La pregunta grave es ¿Cómo se produce la denuncia de una situación tan insostenible, en un importante área como Comercial, por parte de quienes tienen hilo directo con la empresa, responsable de esta situación? ¿No sería razonable entonces que se apearan de su torre mayorista y abrieran las posibles soluciones a la participación de otras visiones –organizaciones con capacidad negociadora, comités provinciales, plantilla…- que enriquezcan el resultado final, que eviten llegar a extremos como el actual? Salvo que, claro está, que todo esto no sea más que apariencia o escenificación de unas discrepancias que, finalmente, sean ‘subsanadas’ en petit comité, vendiendo después con descaro las maravillas y seguridades del nuevo acuerdo o contexto. Porque realmente todo indica que esa beligerancia algo descafeinada

 -…te daré con la normativa…- ni siquiera se corresponde con la acción y la actitud sobradamente demostradas en el Comité Intercentros, que rechaza, anula, desvía y hace desaparecer cualquier aportación o intento de progreso que no venga de su propio rodillo, que no explica el recorrido de las propuestas, que informa tarde, insuficiente y parcialmente del resultado de sus movimientos, que da largas a las necesidades de la plantilla… pero siempre emplea grandes esfuerzos en desfigurar o encubrir los verdaderos objetivos de este sistema de supuesta representación. Lamentablemente son más que indicios: allanar el camino a la aplicación de las necesidades de la empresa, disimular y pulir la manifiesta ambigüedad de los textos para que deban ser interpretados y apaciguar a la plantilla, no vaya a ser que se nos rebele...

Comisión de Comercial: ¿pa qué?